ISLANDIA

Hay lugares que no se cuentan, se sienten. Cada cascada, cada silencio, cada amanecer helado te enseña algo distinto y te deja sin palabras. Islandia fue para mí un antes y un después. En este rincón te comparto algunas de mis vivencias.

Foto: Laura Junquera

En una granja que visitamos al oeste de Islandia conocí a estas cabras que dicen que participaron en un capítulo de Juego de Tronos.
Más allá de la anécdota, fue un momento sencillo, pero de esos que te arrancan una sonrisa y te recuerdan por qué viajar merece tanto la pena.

Foto: Laura Junquera

En la carretera apareció este viejo barco varado frente al mar.
Oxidado y hermoso, parecía guardar las historias de quienes un día zarparon desde aquí.
Islandia tiene esa forma de mezclar silencio y memoria en cada rincón.

Foto: Laura Junquera

En lo alto de los acantilados, los frailecillos se dejan llevar por el viento como si nada pudiera alcanzarlos.
Su calma, su curiosidad… hay algo hipnótico en mirarlos tan de cerca.
A veces, basta con observar para sentirte parte del paisaje.

Foto: Laura Junquera

Una casita cubierta de hierba parece fundirse con la tierra, casi invisible entre el verde y las rocas, al abrigo del viento y del mar.
En Islandia todo parece salido de un antiguo cuento.

Foto: Laura Junquera

El vapor lo envuelve todo y el silencio se mezcla con el calor del agua. Es uno de esos lugares donde el cuerpo se relaja y la mente, por fin, se queda quieta.
El agua es de un color casi irreal y el cielo parece también querer descansar.
Bláa lónið no es el final del viaje, sino la pausa que te permite entenderlo.

ISLAS FEROE

Entre la niebla y el verde más intenso que habrás visto nunca, las Feroe son un susurro de viento y mar. Pequeños pueblos que parecen suspendidos en el tiempo, acantilados infinitos y ovejas que miran el horizonte como si lo entendieran todo. Viajar aquí es aprender a disfrutar del silencio y de lo esencial.

Foto: Ronile

ISLAS AZORES

Las Azores son pura magia volcánica. Lagos escondidos entre la niebla, caminos de hortensias y un océano que respira vida. Es el lugar perfecto para perderse sin prisa, dejar que el tiempo se estire y volver con la mente limpia y el corazón lleno.

Foto: Gabriela Mendes

MADEIRA

Madeira es un jardín en mitad del Atlántico. Senderos cubiertos de flores, pueblos que huelen a mar y montañas que se encienden al amanecer. Tiene algo cálido y amable, una energía que te envuelve y te recuerda que también hay belleza en lo sencillo.

Foto: Phil Wild

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Cada una de estas islas tiene una historia diferente, pero todas comparten lo mismo: la sensación de estar lejos de todo, y más cerca de ti.